Un mazo de naipes que aparece de un muy sutil repudio sobre la mecánica del arte. Esa mecánica de puntuar, invisiblemente, al artista. Transformarlo en número, registrarlo. Hacerlo rating. 


Como un sabio, autorizo el arte y le doy virtudes tan improbables que lo vuelvo sustituible. Plagio obras y las hago propias con la coartada de reinterpretación.

Lo cierto es que no reinterpreto absolutamente nada. Solo hago aparecer al artista 

y a su obra, y lo hago de una manera repulsivamente sana, sencilla e intencional (para no decir perezosa). Los grandes maestros como postulantes en etapa de admisión. Aquí son colegas. 

 

Una propuesta única que une el arte y el juego. Un mazo de naipes en el cual artistas, como Picasso, Buñuel y Pollock, miden "poderes" entre sí y nos recuerdan las grandes  “batallas” de naipes de la década del ’80.


La obra es producto de la conjunción del arte y el juego de cartas, donde cada personaje tiene sus fortalezas artísticas, características y puntajes, y “compite” mano a mano con otros “superhérores” del arte. Así, Salvador Dalí se mide con Paul Klee, Charles Chaplin con Max Ernst. Una lucha de artistas en forma de naipes.


 

Ph. Paté de Fua