El antireloj

Síntoma

Nuestro artista llega a la terapia con una fuerte decepción de sí mismo. Cree no ser la persona que creía ser. “No estoy donde siempre creía que estaría”. Confiesa tener una clara desesperación al paso del tiempo y al fracaso. Es un pintor de 32 años, muy poco reconocido que se reconoce siempre viejo. Convive todo el tiempo con la terrible percepción de que ya se le pasó el tren. Y lo hace desde muy chico, incluso desde cuando el tren no debía haber pasado aún. Confiesa que esta desesperación lo motiva siempre a apresurarse y a no dejar tiempo muerto y abandonar su trabajo, pero lo perturba seguidamente cada vez que vuelve a darse cuenta que ya es tarde.

 

Sesión

Durante la sesión, nuestro artista nos cuenta sobre sus artilugios para controlar el paso del tiempo: cambia la fecha de algunos de sus cuadros para que parezcan hechos de más joven; se pasa días comparando sus obras con algunas de los grandes maestros a la misma edad; vive jugando una carrera con el resto de los artistas ya reconocidos para saber cuánto tiempo le queda para llegar a ser como ellos. En un momento, comenta: “Mi carrera artística es como un video juego. Tengo que pasar niveles y superar a otros para llegar al final. El objetivo, ser reconocido.”

 

La máquina

Es un gran video juego de piso con un reloj viajero en la base. Allí, diferentes décadas de la vida de una persona y fichas técnicas en cada década. En las fichas, hay descripciones de artistas y de trabajos que fueron reconocidos recién a esa altura de la vida del artista. Nuestro pacienter evisará el fichera de la época en la que está viviendo y sabrá al instante que todavía le queda tiempo para ser tan gran artista como ese que figura. Así, hasta los 100 años y post muerte. Cada vez que lo desespere el paso del tiempo y la falta de reconocimiento, sacará una ficha del reloj viajero en los años que lleva y sabrá relajarse pensando que todavía puede ser como ese artista.

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